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Así fue mi primera (y peor) experiencia haciendo fotografía gastronómica en un restaurante

Fotografía gastronómica Lechería

En estos casi 9 años he cometido muchos errores como fotógrafa y también me he topado con clientes difíciles; esas personas que te hacen evaluar si de verdad puedes vivir de la fotografía gastronómica. Sin embargo, hoy estoy segura de que les he podido sacar provecho para crecer desde todo punto de vista.

En este sentido, quiero contarte cómo fue mi primera experiencia haciendo fotografía en un restaurante, y que, casualmente, fue mi primera peor experiencia.

Fotografía de plato en restaurante

Me pasó cuando tenía apenas un año haciendo fotos para clientes reales. No sabía si algún día me ganaría la vida haciendo fotos, pero quería intentarlo.

Hasta entonces, tenía un solo cliente fijo y mi servicio consistía en cubrir talleres de cocina cada fin de semana. Allí, por cierto, aprendí a tomar café, descubrí todo lo que implica hacer pan y muchos tips de cocina y personas que recuerdo con mucho cariño.

En ese tiempo también tuve mi primer evento gastronómico, así que cuando llegó la oportunidad de hacer mis primeras fotos en un restaurante, sentí que mi trabajo estaba creciendo. Me ilusioné con comenzar a conocer a más personas y captar posibles clientes.

Recuerdo estar realmente emocionada. Pero ese recuerdo hoy viene acompañado de un sabor agridulce.

Estaba muy entusiasmada por empezar y me sentía realmente feliz de estar allí, como si se tratara del inicio del resto de mi vida.

Pero, esa alegría no duró mucho.

Para no hacer el cuento largo, en esta primera experiencia de fotografía gastronómica en un restaurante tuve que:

  • Hacer fotos contra reloj. La comida la degustaban los familiares de los dueños, entonces me apuraban para hacer mis fotos porque el plato se podía enfriar para ellos.
  • Entregar el material sin garantía. Entregué mis fotos sin antes recibir el pago porque las necesitaban cada semana. El pago me lo harían al final de las sesiones pautadas.
  • Perseguir mi dinero. Tuve que insistir para cobrar. Fui varias veces al restaurante en pleno diciembre y regresaba a casa con las manos vacías.
  • Soportar malos tratos. A la hora de pagar el cliente tuvo un cambio de actitud hacia lo hostil. Escuché cómo denigraba mi trabajo y me culpaba de la poca estética de los platos. Me manipuló tanto que acepté la culpa (aunque yo misma vi como él devolvía la comida porque no le gustaba cómo se veía). Para colmo, simuló no estar al tanto de las condiciones de pago que ya habíamos acordado, buscando cualquier excusa para no pagar el monto completo.

Finalmente me hicieron el pago, pero yo sentía que a cambio había sido humillada.

Cabe destacar que en la negociación hubo una intermediario; una persona que fue el contacto entre él y yo. No recuerdo muy bien, pero creo que no intervine por mi falta de experiencia, solo acepté todo lo acordado por ellos. Pero lo que sí recuerdo es que, esta persona no tenía malas intenciones, quería empezar a establecer una alianza conmigo, algo que finalmente no pasó por esta mala experiencia.

Aunque ya ha pasado mucho tiempo, todavía me cuestiono a mí misma por no saber defender mi tiempo y mi trabajo, algo que nada tiene que ver con ser principiantes, sino con la autovaloración.

En la actualidad puedo identificar qué se necesita para planificar una sesión de fotografía gastronómica en un restaurante. Allí he plasmado los principales aspectos que debes tomar en cuenta para tratar evitar una situación similar.

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